Bendito entre las mujeres
Autor: Anónimo
Su mujer lo obliga a engañarla, sus amantes insisten en mantenerlo, las putas se le entregan gratis, lo acosan sus amigas, lo reclaman en la cama y las mujeres caen a sus pies como esclavas ¡Y todavía se queja! Me encontraba manejando entre el tráfico con Cintia, la hija de 10 de una amante mía. La llevé al cine a ver una película para niños y después pasamos por un helado.
Mientras avanzo contra el tráfico pasa por mi mente los sucesos del día, concretamente lo que hice en la mañana..... Amor, ¿no tenés hambre? No cielo, gracias, estoy bien ahorita. Pero puedo hacerte de esas galletas de chocolate que te encantan. Gracias mi vida, pero estoy lleno, gracias el almuerzo que hiciste estaba buenísimo y me harté como coche, gracia vida. Esa era mi esposa, Luisa. Cómo siempre, no puede verme sin ofrecerme algo, ya sea comida u otra cosa. Es una bendición tener una mujer como ella, pues además de ser muy bella, está por completo entregada a mí. Eso no es del todo bueno.
Yo también estoy entregado a mi casa, a mi familia, a mi esposa, pero no por ello pierdo mi independencia ni mi intimidad. Pero ella si, no se lleva un bocado a la boca si no se asegura que yo ya me haya llevado y todavía me da otro; no se atreve a tener un orgasmo si no cree que yo lo estoy disfrutando lo suficiente. ¡Y si me mira observando a otra en la calle, peor! Ya la puedo ver corriendo detrás de la fulana, preguntándole si no quiere algo conmigo, que a ella no le molesta.
Como les dije, ella es una bendición, y cualquier hombre me dirá lo mismo y dirá que soy un completo imbécil por estarme quejando de ello. Pero es que al final resulta una responsabilidad muy grande. Se lo repito, ella vive para mi y por mi, si yo no estoy feliz ella se siente la persona más miserable del mundo, el ser más insignificante e inútil que hay, porque "no puede ni siquiera tener feliz a mi esposo" en sus palabras literales. Lo malo es que a mi también me gusta hacerla feliz es complicado y difícil, creo que leyendo lo que les tengo que decir me van a comprender mejor. Chemita así me llamo ¿te la puedo chupar un rato ¿Ah? ¿Qué? ¿Perdón? ¿Que si te la puedo chupar un rato? Pues pues si si querés.
Se le dibuja una sonrisa feliz y agradecida en los labios y me dice gracias. Lo siguiente que se es que ella está arrodillada bajo la mesa mamándome la paloma tiesa. Como les dije, ella no se queda tranquila hasta que no esté segura que me está atendiendo adecuadamente, y estas atenciones son cotidianas para mí. Recorre con su preciosa boquita todo lo largo de mi mástil, llega a la cabeza y se la mete hasta la garganta. Por el otro lado, sus delicadas manitas se concentran en brindarme un sabroso masaje testicular. ¡Ah qué vida! Pero amigos, es más difícil de lo que ustedes creen. ¡Si ya sé que deben decir que parezco hueco!, pero eso no me importa.
En eso oigo pasos acercándose al comedor, en donde me encontraba leyendo unos papeles de la oficina. Luisa se haya debajo de la mesa haciéndome ese delicioso mamey. Papa, voy a salir con Manuel, me das guita? .. cuando se da cuenta de que por debajo de una esquina sale el abultado trasero de la Güicha (mi mujer).Me habría gustado que no nos viera, pero es algo casi inevitable. Verán, ella es mejor véanlo por si mismos.
Si me prestás el carro me podés dar por el culo. No es necesario trató de responder.¡Marcela! ¡¿Qué es eso?! reacciona enojadísima Luisa.¡Perdon! responde muy apenada mi hijastra, Papi, me podés dar en el culo cuando querrás, ¿oíste? Si, si, pero te repito que no es necesario ¡Y ahora no le vayás a pedir el carro! Luisa, está bien, no estoy ¡Y quitate la ropa y dale el culo ahorita! es lo menos que podés hacer después de ser tan desconsiderada y maleducada con el Güichita, amor, no eso no es de verás.
Eran alegatos vanos e inútiles de mi parte, pues en un 2 por 3 Marcela ya estaba en pelotas, con su blanquecina piel brillando por los rayos solares del medio día que se colaban por las ventanas. Rápidamente Luisa se levantó del suelo y Marcela ocupó su lugar. De espaldas se encaramó sobre mi silla y se fue sentando poco a poco encima de mi enhiesto falo, que pedía guerra y pelea. Lenta, pero inexorablemente, deslizó toda la longitud de mi arma a través de su delicado esfínter anal hasta caer sentada sobre mí. Sus ojitos cerrados y apretados, y su ceño fruncido me hablaban del esfuerzo que mi nena de 19 años realizaba para recibirme en su puerta trasera sin previa lubricación.
Una vez acomodada, empezó a subir y bajar, sacando y metiéndose hasta el fondo mi tiesa paloma. Gemia, sus ojos expresaban un profundo esfuerzo, dolor, pero también un deseo incontenible y un abrumador placer. Su madre mientras tanto, se había vuelto a arrodillar y se encontraba lamiéndole el sexo chorreante a su amada hija. La muchacha se estremecía cada vez que se dejaba caer sobre mi palo, y casi empieza a convulsionar cuando llegó al orgasmo. Bueno, estuvimos así por un muy buen rato, han de saber que poseo una gran resistencia. Marcela llegó otras 2 veces al éxtasis. Su mamá también recibió lo suyo. Al terminar, salí a la tienda de la esquina por unas cosas que Luisa quería para hacer de cenar, además para despejarme un poco y platicar con algunos amigos del vecindario.
Era Domingo y no tenía nada más que hacer esa mañana. Madre e hija se quedaron en el suelo de la cocina, las dejé chorreando sudor, semen y sus propios fluidos con una sonrisa que casi se mordían las orejas. Me encontré a un amigo en la tienda, y al verme llegar sudoroso y despeinado, se rió de mí. "¡Pisado suertudo!" me dijo, pero es una suerte difícil de asumir. Un camión prende y apaga sus luces altas detrás de mí y me saca de mis cavilaciones. Del susto suelto el clutch y el carro arranca y se apaga. ¡Papi! me regaña Cintia muy cariñosamente, tal y como hace su mamá. Je, je, je me río como un tonto.