Laura se Venga

Autor: Anonimo

Gracias a una venganza por mi infidelidad, mi novia Laura descubre que no todo es amor y que se puede disfrutar de otras maneras. Antes de nada me presentaré.

Me llamo Miguel y tengo 28 años. Tengo buen cuerpo y según dice mi novia estoy de buen ver. Mi novia se llama Laura y es un bombón también de 28 años. Nos conocimos en la facultad. Ella estudiaba derecho y yo literatura.

Ahora yo soy profesor en un instituto mientras que ella trabaja en un despacho de abogados. Hace ya unos años que estamos de novios pero todavía no vivimos juntos. Eso no es impedimento para que tengamos relaciones muy a menudo.

Podríamos decir que es de lo más satisfactorio. Laura no es muy alta (1.63cm) pero tiene un cuerpo de vicio. Es delgada, tiene unas tetas grandes bien redondas y duras y un culo de infarto. En verano, cuando se pone vestidos ligeros todo el mundo se la queda mirando y alguna vez le han llegado a tirar los trastos sin disimulo estando yo delante (a saber lo que le dicen cuando está sola). Además tiene una carita de ángel que hace que cuando se excita el morbo sea increíble.

Aunque había tenido algún novio antes fue conmigo con quien se fue destapando. Conseguí que llegara a hacer de todo y ahora es toda una morbosa muy caliente.Hemos llegado a follar en sitios públicos y a exhibirnos por todos lados.

Le vuelve loca sentirse mi putita y tengo que reconocer que es una sumisa de lo más caliente. Lo único que no he llegado a convencerla de que haga es el sexo anal y el intercambio de pareja. Bueno, vamos a la historia.

Hacía bastantes días que no la había visto. En el despacho últimamente tenían mucho trabajo con unos casos un poco complicados y hacía dos semanas que no nos veíamos, así que cuando me llamó para quedar con ella todo el fin de semana me llevé una alegría. Me dijo que íbamos a recuperar los días perdidos (entre nosotros eso quiere decir follar como locos).

Como vive en casa de sus padres (estamos ahorrando para el piso), me dijo de quedar en el apartamento de una amiga suya que está de vacaciones. No es la primera vez que usamos como picadero el piso de un amigo así que la idea de tenerla un fin de semana entero con las piernas abiertas me ponía a mil.

Cuando llegue al piso y toco el timbre me recibe sólo con un sostén de encaje que le sube las tetas, un tanga muy reducido, de tipo hilo dental, liguero y medias, todo negro y unos zapatos de tacón que le realzan sus piernas.

Va maquillada y está guapísima. Aunque a veces se pone lencería erótica, esta vez estaba increíble. El morbo de verla abrir la puerta así me pone frenético. Intento besarla pero no me deja. Pone cara de traviesa y me hace seguirla por un pasillo. Veo su culo bien espectacular por el tanga que se le mete entre las nalgas (es un culo muy excitante). Creo que se esfuerza en moverlo bien. Parece toda una zorrita y me encanta.

Llegamos al salón donde hay una moqueta, una mesa grande y unos sofás. Nunca había estado allí pero parece que su amiga tiene pasta. Me dice que le da palo usar la habitación de su amiga y que nos quedaremos en el salón. Me encanta la idea. Me apoya contra la pared y empieza a desnudarme sin dejarme que la toque. Se empieza a fregar contra mi cuerpo pasando sus tetas por todos lados. Noto sus pezones bien duros contra mi piel. Mientras me va quitando la ropa me va susurrando a todo lo que quiere hacer conmigo.

Quiere que la llene de leche, que le reviente el conejito y que la convierta en mi putita como un regalo por lo bien que me porté con ella. Cuando ya estoy desnudo del todo y bien empalmado me dice que cierre los ojos. Lo hago imaginando cual va a ser la sorpresa: le encanta esperarme desnuda con las piernas abiertas y el coñito bien empapado.

En ese momento un fuerte empujón me tira contra la mesa y dos pares de brazos muy fuertes me aprisionan atándome las piernas a las patas de la mesa y los brazos alrededor de ella. La sorpresa y la fuerza con la que todo ha pasado me ha impedido reaccionar. Cuando me quiero dar cuenta estoy completamente desnudo y atado a una mesa, con mi polla todavía dura aprisionada entre la madera y mi vientre, las piernas y los brazos separados.

Todavía no he visto quién me ha puesto en esta situación. Levanto la cabeza y veo a Laura que me mira indiferente. Pregunto qué pasa, le grito. Entonces los mismos brazos fuertes de antes me ponen una tela de mordaza. Solo puedo emitir ruidos apagados. Miro alrededor y volvemos a estar solos mi novia y yo. En ese momento se abre la puerta y aparece un tipo alto de unos 30 años, fuerte, vestido con una camisa medio abierta y unos pantalones de lino. Informal pero con clase.

Es bastante atractivo y además se le ve musculoso. Me mira y sonríe. No entiendo nada. Sólo dice: Hola zorrita, ¿Así que este es el cabrón de tu novio?.Laura solo asiente con la cabeza mientras se dirige hacia él y le da un buen morreo. Sin decir nada se arrodilla ante él, le baja la bragueta, le saca la polla, que resulta de un tamaño bien respetable y se la mete en la boca entera empezando una mamada de impresión, tragándosela toda hasta que esta tan dura que no le cabe.

 Se la chupa tranquilamente pero con mucha dedicación. Nunca me lo había hecho así a mi. Yo sigo sin entender nada y lo que veo me deja sin poder ni siquiera emitir ruido alguno. Mientras yo estoy desnudo sin poder moverme, mi novia vestida como una zorrita se la está chupando a un desconocido.

 El tipo sigue mirándome y empieza a hablar mientras mi novia se come su rabo, bastante más grande que el mío (mientras que la mía solo mide 15cm calculo que la del tio debía medir unos 19cm y bastante más gorda).

Mira cabrón, te voy a explicar lo qué pasa, lo que ha pasado y sobretodo lo que va a pasar. En ese momento un escalofrío recorrió mi espalda. Más que por lo que dijo, por el tono frío y seguro que utilizó. Me llamo Carlos y estamos en mi casa. Conozco a Laura del trabajo donde nos hicimos amigos. Tienes una novia muy maja y creo que no te la mereces pero es cosa suya el decidir seguir contigo y no me meto. Vino un día a pedirme consejo porque pensaba que no le eras fiel.

Confiaba mucho en ti pero últimamente empezaba a tener sus dudas. Estuvimos hablando un buen rato hasta que nos despedimos con mi promesa de que le ayudaría. Mientras mi chica ya le había puesto la polla bien dura y le chupaba los huevos él siguió contando. No me costó mucho descubrir que te tirabas a una tal Marina, una chica del gimnasio al que vas. La verdad es que podrías haber sido un poco más discreto por respeto a Laura.

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